Y PUNTO.

Ser guía, no guardia

Para la psicóloga clínica Nadene van der Linden la frase “ser un guía, no un guardia” describe perfectamente el estilo educacional que crea niños felices y responsables.

Cuando Van der Linden le pregunta a los padres “¿qué técnicas ocupan para cambiar el comportamiento de sus hijos?” muchas veces lo único que escucha es una larga lista de castigos. “Una de las reglas de la casa es que mi hijo tiene que dejar su pieza ordenada y la cama hecha. Sin embargo, nunca lo hace así que le prohibimos ver televisión. Aún así no hizo caso así que lo castigamos sin salir de la casa por un mes. Desgraciadamente no importa lo que hagamos, pues su conducta no cambia”

Este es un ejemplo de educar como un guardia. Se trata de una crianza inflexible y basada en reglas que resulta en castigo cuando un niño no las cumple. Muchas veces los castigos van escalando y pueden ser duros o incluso crueles. Puede ocurrir que un niño que crece en un ambiente de control termina obedeciendo por miedo al castigo, pero no hará nada que otros adultos digan si no existe el riesgo de que lo descubran. Los niños más antisociales suelen ser criados de esta manera. No les importa el significado de las reglas establecidas; en su lugar, deciden si cumplen o no según las consecuencias.

Cuando los papas educamos como guardia, tratamos de detener los comportamientos que no nos gustan a través del control y aplicando las consecuencias. Un guardia espera problemas y trata a las personas como tales. Un guardia muchas veces no ve que su hijo se siente triste, confundido o enojado. Un guardia solo esta observando si su hijo cumple o no. Los guardias no son flexibles y esto significa que si un niño no cumple, independientemente de la razón, la única opción es aumentar las consecuencias hasta que lo hagan. Incluso si esto significa excluirlos de los mismos sistemas a los que queremos que pertenezcan.

Cuando los padres actuamos como guía, trabajamos para incentivar los comportamientos que queremos ver en nuestros hijos. Ayudamos a los niños a pertenecer a la sociedad y a sus sistemas privilegiando el cuidado y compasión en nuestras prácticas de crianza. Cuando vemos un comportamiento que no nos gusta o no nos parece aceptable, observamos qué pasos podemos tomar para ayudar a ese niño a adaptarse y corregir su conducta. No usamos consecuencias severas que excluirán al niño del sistema; en cambio, vemos esa dificultad como un déficit en alguna de sus habilidades. No usamos consecuencias crecientes; en su lugar, buscamos formas para que los niños quieran ser parte del sistema y quieran agradarnos.

Como guías, ayudamos a los niños a desarrollar una motivación interna para hacer lo correcto porque es correcto, en lugar de hacer lo correcto para evitar ser castigados. Queremos que nuestros hijos cumplan para que se adapten bien en la comunidad, se desarrollen mejor, y en una última instancia, vivan más plenamente.

Cómo ser un guía

Ponte en el lugar de tu hijo

Ser capaz de mirar el mundo desde la perspectiva de tu hijo es esencial para ser una guía. Le permite a los padres descubrir la mejor manera de ayudar a sus hijos. También, vemos que los comportamientos difíciles muchas veces están relacionados con las emociones o con un déficit en alguna habilidades. Esto no significa que aceptemos todos los comportamientos de nuestros hijos, sino que entendamos que hay un significado detrás de cualquier comportamiento que nos toca presenciar.

Fomentar las conductas positivas a través de elogios y reconocimientos

A los niños les encanta recibir elogios genuinos y ser reconocidos. De esta manera, los niños sienten que realmente importan y se motivan más por agradar a sus papás.

Promueve una vida basada en valores

Muéstrale a tu hijo que más que los resultados, lo importante es la forma en que vivimos. Por ejemplo, más que tener muchos amigos y sacarse las mejores notas, incentiva a tu hijo a ser un buen amigo y a dar lo mejor de sí en el colegio. Aquí el ejemplo de los padres es clave. Asegúrate que tus conductas reflejen con precisión las cosas que más valoras en la vida.

Ser flexible cuando es posible

Dale a tu hijo la oportunidad de elegir. Debemos evitar controlar todas las elecciones de los niños pero, al mismo tiempo, incentivarlos a elegir la opción que más les favorece.

Promover metas intrínsecas sobre metas extrínsecas

Anima a tu hijo a hacer cosas por su crecimiento personal, salud, relaciones significativas y por contribuir a su comunidad en lugar de hacer cosas para alcanzar el éxito académico, financiero, popularidad, poder o imagen. Demuestra con tu ejemplo que cuando priorizamos estas metas intrínsecas vivimos una vida más satisfactoria.

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