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9 pasos para evitar que tu hijo golpee a otros niños

La mayoría de los papás sufrimos intensamente cuando nuestro hijo le pega a otro niño. Podemos sufrir de miedo, culpa, vergüenza… pero no quedamos indiferentes. Nos sentimos con la necesidad urgente de tomar medidas, por lo que nos tentamos a acudir al castigo.

Desgraciadamente castigar a un niño que golpea no detiene el golpear. El castigo aumenta el miedo que siente el niño y hace que las peleas y golpes sean más probables en el futuro. Según los especialistas, para detener a un niño que suele pelear y pegar a otros, es necesario abordar los sentimientos que están impulsando dichas acciones.

  1. Prevenir los golpes… si es posible.

La mejor prevención es intentar estar conectado con tu hijo. En la práctica, esto significa actuar con empatía como respuesta inmediata algún sentimiento que tu hijo esté manifestando, tener rutinas diarias y dedicar un tiempo individual a cada niño. La idea es estar cerca de tu hijo para que éste se sienta seguro y contenido emocionalmente, pues de esta forma es menos probable que frente a cualquier adversidad, su respuesta sea golpear o salirse de sus cabales.

  1. Si tu hijo golpea, respira.

Recuérdate a ti mismo: tu hijo está golpeando porque tiene miedo o se sintió amenazado. Debemos ir a la raíz del problema e intentar comprenderlo. Ponte entre tu hijo y el otro niño para evitar más violencia. Establece un clima de seguridad bajando conscientemente la voz, respirando profundamente y eliminando la tensión.

  1. Cuida y contiene al otro niño.

Si no hay otro adulto que pueda contener al otro niño, entonces debes abrazarlo y consolarlo. Esto también te dará un minuto para calmarte antes de interactuar con tu propio hijo. Cuando el otro niño se haya calmado, abraza a tu hijo e invítalo a conversar con el niño que golpeó: digan juntos que sienten mucho lo que pasó, que no se repetirá y que esperan que el se sienta un poco mejor.

  1. Evita culpar.

Sabemos que la tentación es grande. Pero la verdad es que hacer que tu hijo se sienta mal en ese momento puede ser contraproducente. Tu hijo golpeó porque tiene miedo y el reto o castigo solo hace que el miedo cunda, se desconecte contigo, se ponga a la defensiva, endurezca su corazón… Junto a la muy alta probabilidad de que tu hijo, en una próxima situación, responda con más agresividad.

  1. Mira desde la perspectiva de tu hijo.

Tu hijo golpea porque se siente solo, desconectado de ti, o quizás está asustado y/o con angustia. Los niños no saben controlar adecuadamente estos sentimientos y por esto, la reacción más fácil es golpear. Intenta recordar todo esto en ese momento de manera que tu respuesta sea empática y amorosa. Tu hijo ablandará su corazón solo si tú ablandas el tuyo.

  1. Saca a tu hijo de la pelea.

No se trata de castigarlo, sino que de evitar que el golpe se repita. Estás tomando medidas preventivas. Hazlo tranquila, amable y comprensivamente. Dale a tu hijo la oportunidad de liberar esa mochila emocional y ayúdalo a expresar lo que está sintiendo, ya sea pena, rabia o frustración. Esta simple ayuda servirá para evaporar esas ganas de seguir peleando.

  1. Lo primero es abordar los sentimientos, no la cátedra.

¿No deberías decirle a tu hijo que golpear no está bien? ¡Por supuesto! Pero, ¿acaso él no lo sabe? En una primera instancia lo que importa es ayudarlo a enfriar esas emociones, para que responda de la manera que él sabe que debe hacerlo. Para esto necesita tranquilidad y seguridad. Primero aborda los sentimientos y luego enseñas.

  1. Una vez que ambos estén tranquilos, enseña.

Esto no significa empezar con la cátedra. Conversa con tu hijo con el objetivo de reflexionar juntos sobre mejores formas de manejar estos sentimientos. Hazlo con un toque ligero y sentido del humor. Puede que el momento adecuado para tener esta conversación no sea después de la pelea, sino que algunas horas más tarde. Lo importante es que ambos estén tranquilos.

  1. Controla tus propios sentimientos.

Si tu hijo es de los que pelea o golpea regularmente, seguramente sientes algo de enojo y miedo. Te asusta pensar que algo vaya mal con tu hijo, que no estás cumpliendo bien la labor de padre o crees que de grande se podría convertir en un “matón”. Bueno…. Ninguna de estas cosas es verdad. Por lo que debemos trabajar estos sentimientos para que desaparezcan y nos permitan ayudar mejor a nuestros hijos.

Cuando tenemos miedo, nuestros hijos se dan cuenta y se ponen más tensos. Temen, en secreto, que nos estén decepcionando. Esa ansiedad genera una mayor probabilidad de actuar con violencia. Pero si controlas tus miedos y te mantienes compasivo, tu hijo se sentirá lo suficientemente seguro como para superar sus propios miedos y responder de una mejor forma.

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