Y PUNTO.

“Elegir el amor” como mantra de vida

Con las experiencias de mi vida – y como no, siendo mamá –  me he dado cuenta de que tengo dos mantras de vida.

El primero es “esto no es urgente”. Sea cual sea la situación que enfrento, en mi casa o trabajo, pensar así me ayuda a calmarme, prestar atención a lo fundamental, dar una justa importancia a las cosas y así tomar mejores decisiones.

El segundo mantra es “elegir el amor”. Muchas veces – especialmente criando a nuestros niños – se nos presentan instancias donde el agobio y/o el miedo se apoderan de nosotros y nos dan ganas de explotar o huir. Sin embargo, escuchar tu corazón y hacer que el amor sea quien guía tus reacciones, te ayuda a actuar mejor. He aprendido que eligiendo el amor el rumbo de las cosas pueden transformarse de manera milagrosa.

Elegir el amor no significa que no establezcas límites: “deja de sacar la vuelta y haz las tareas” o “no molestes más a tu hermano”. Significa ser comprensivo y guiar con cariño las conductas de nuestros niños “Te noto cansado, ¿por qué no tocas guitarra un rato y luego haces las tareas?” “Sé que estás aburrido y que por eso molestas a tu hermano, ¿te parece traer los legos y jugamos?”

Elegir el amor implica aceptar al otro tal como es y desde esa perspectiva guiar sus conductas. Es educar con pocas normas, priorizando la comprensión, el cariño y la confianza.

Sabemos que los niños siempre actuarán como niños. No han desarrollado completamente el sentido del juicio. Y nosotros, los adultos, no podemos rebajarnos a ese nivel cuando nos sentimos agobiados. Actuamos como niños cuando no le damos espacio a la razón y las emociones son las que toman el control. En otras palabras, reaccionamos de manera exagerada haciendo que nosotros mismos u otros, como nuestros hijos, sufran las consecuencias… porque cuando se trata de nuestros propios sufrimientos, lo más fácil es desquitarse con los demás.

Si elegimos el amor muchas veces tendremos que tragarnos nuestra ira u orgullo. Esto no quiere decir que, cuando las cosas no nos parecen, no las digamos de un modo franco y de frente. Lo importante es no dar un trato injusto a nuestros hijos u otro.  La idea es no perder el foco, mirar las cosas en perspectiva y considerar que a veces nosotros somos los que estamos mal.

Pero… ¿cómo logramos esto? Lo primero es reconocer esa situación de agobio o estrés. Luego, sentarnos a respirar para que nuestra mente no sea absorbida por ninguna historia. Cuando estamos atrapados en grandes emociones negativas, éstas adquieren vida propia. Sí, se necesita coraje para identificar nuestras propias debilidades y voltearse hacia el amor. Nos preocupa que nuestro hijo (u otra persona) “salga con la suya”. Es que así son las emociones humanas. El milagro se produce cuando logramos anteponer el amor de manera de transformar esas emociones. Solo de este modo las relaciones se vuelven más pacíficas y sensatas… y nos encontramos viviendo en un hogar con menos drama y más amor.

La invitación es que la próxima vez que te sientas superada por algo, detente, abandona tu agenda y respira profundamente. Entonces elige el amor. Verás que, aún con las adversidades propias de la vida, puedes ser feliz. Solo se necesita creer en su magia.

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