NY TIMES: Enseñando a nuestro hijo a ser una buena persona

Muchos niños hoy en día ven “ser una persona feliz” como su objetivo número uno en la vida.

Según NY Times: enseñando a nuestro hijos a ser una buena persona.

Hace algunos años, un equipo de estudiantes de posgrado y el profesor de psicología de Harvard, el dr. Richard Weissord, investigaron los valores de los estudiantes y las prioridades de sus padres en la educación de los hijos. Interrogaron a padres y estudiantes de una amplia gama de culturas y clases. Los resultados sugirieron que el enfoque de los padres modernos en la felicidad y en la autoestima de los niños no sólo afecta a la ciudadanía, sino que puede poner en peligro algo mucho más fundamental: la moralidad básica de nuestros hijos.

La investigación demostró que muchos niños hoy en día ven “ser una persona feliz” como su objetivo número uno en la vida – y muchos padres hacen de la felicidad de sus hijos la prioridad principal en la educación de los mismos. Aproximadamente dos tercios de los niños consideraban la felicidad más importante que “ser una buena persona que se preocupa por los demás”, y también dos tercios de ellos creían que era más importante para sus padres que fueran felices que buenos.

El grado en que los padres y los niños están priorizando la felicidad sobre la bondad es preocupante. Muchos padres creen que los sentimientos positivos y la alta autoestima de sus hijos los llevarán a preocuparse más por los demás.

Pero, ¿podrían los padres modernos tener razón? ¿La felicidad y la autoestima conducen a la bondad y a la moralidad? La felicidad o la autoestima, por supuesto, pueden permitir ciertos tipos de bondad. Todos podemos recordar tiempos en los que sentirse bien nos hizo más generosos con los demás.

Sin embargo, es importante también pensar que los estados de ánimo positivos pueden conducir fácilmente a la arrogancia y al daño. Los estudios demuestran que los líderes de pandillas, delincuentes, criminales violentos y matones a menudo tienen una alta autoestima. La autoestima puede venir de sentirnos poderosos, y las personas pueden sentirse muy poderosas cuando están dominando o degradando a otros.

El problema es que este enfoque en la felicidad de los niños y la autoestima no los hace más felices. Los padres que protegen a sus hijos de la adversidad – asegurándose de que éstos siempre estén en los equipos ganadores, intentando resolver sus conflictos entre compañeros y/o complaciendo sus quejas – a menudo les roban las habilidades de resiliencia que son clave para su crecimiento.

Cuando priorizamos la felicidad momentánea de nuestros hijos por sobre su preocupación por los demás, también les robamos las habilidades que necesitan para ser buenos amigos, buenos hermanos y en el futuro, buenas parejas, colegas, padres y abuelos. Sin embargo, sabemos que estas relaciones gratificantes son las fuentes más fuertes y más duraderas de la felicidad. En cambio, los niños a menudo se preocupan por sus propios sentimientos y son menos capaces de solidarizar o preocuparse de lo que sucede alrededor de ellos.

Muchas veces dejamos que nuestros hijos  no agradezcan al señor(a) que hace el aseo o que conduce el bus, no devuelvan las llamadas o mensajes de los amigos o no feliciten a otros niños por sus logros. Es que, en realidad, cuando se trata de desarrollar la moralidad de nuestros hijos, no hay atajos. No podemos esperar que la moralidad brote mágicamente de la autoestima. Necesitamos cultivarlo intencionalmente en nuestros niños día a día.

No sólo debemos poner en jaque las maneras sutiles que priorizamos la felicidad, también necesitamos enfatizar explícitamente la bondad. Podemos empujar a los niños a preocuparse por los demás incluso cuando no es cómodo. En lugar de decirles a nuestros hijos que lo más importante es que sean felices, podemos decirles que lo más importante es que sean amables.

Debemos centrarnos en cultivar estas habilidades en los niños porque serán más felices. Pero lo más importante, debemos nutrir estas cualidades en nuestros hijos para ayudarlos a ser adultos fuertes y cuidadosos, capaces de crear un mundo mejor y más justo.

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